Una anécdota marabina sobre la profundidad en la que estamos


profound hole

Me encuentro a escasa distancia de atravesar el puente y mi acompañante me sugiere que eche gasolina en una estación de servicio cercana. “En Maracaibo las colas están insoportables”. Ya en espera de proveernos del preciado combustible, nos adentramos en el tema del porqué de las interminables colas. Me cuenta mi interlocutor: “Si tú llenas el tanque y te vas hasta la Concepción -una población ubicada a una media hora de Maracaibo en automóvil-, un poco más allá, puedes vender cuarenta y cuatro litros de gasolina a 1200 bolívares (27,27 Bs/lt). Si te vas hasta Carrasquero, más cerca de la frontera, te los compran a 1600 bolívares (36,36 Bs/lt). Si te arriesgas hasta el río Limón, te los arrebatan a 2000 bolívares (45,45 Bs/lt). En esos puntos de recolección te sacan los litros y van llenando pipas que luego serán transportadas hacia Colombia”. Un trabajo sencillo y mucho más rentable que ser un maestro de escuela. Uno comienza a entender cómo el contrabando de gasolina se ha erigido en la principal actividad económica en toda la zona fronteriza. Se ha estructurado una inmensa red de extracción que se alimenta de innumerables pequeños suplidores, sin contar los voluminosos cargamentos que manejan los capos más poderosos. ¿Y a cuánto pagan el litro del otro lado? –pregunto-. “El precio varía día a día, en septiembre del año pasado lo pagaban a 40 bolívares. Una simple regla de tres con los datos de la hoja Excel de “DolarToday” te arrojará que ese precio debe estar a punto de triplicarse” –en Colombia un litro de gasolina se vende a un poco más de ochenta y dos céntimos de dólar-. Con razón, en un momento de la conversación mi interlocutor se muestra muy pesimista al decirme: “va a ser muy difícil que algún día logren acabar con esa industria del bachaqueo”.

No le digo nada. Me quedo pensando. Siempre había despachado el tema apelando al criterio teórico de que el día que en Venezuela se sincerara el precio de la gasolina, el incentivo económico para tal actividad ilegal cesaría. Si bien esto no deja de ser verdad, surge la interrogante: ¿Qué implica a estas alturas sincerar el precio de la gasolina en nuestro país? Si se le asigna un precio de cinco bolívares por litro, es decir: que llenar un tanque estándar de cincuenta litros nos costaría 250 bolívares, cincuenta veces el costo actual, el incentivo para el contrabando de la gasolina  apenas sufriría una pequeña merma. Y si lo ponen a 10,  a 20, a 30, el incentivo iría mermando pero aun así seguiría siendo muy rentable el bachaqueo de gasolina. ¿Y qué tal si nos imaginamos la situación límite de llevarlo a 120 Bs el litro para acabar de una vez por todas con esa actividad ilegal? Entonces llenar el tanque nos costaría seis mil bolívares. Casi nadie en este país podría darse el lujo de movilizar su vehículo.

Mi estimado interlocutor tenía razón. El costo de la gasolina ya se ha hecho “insincerable” en nuestro país. Al menos, por ahora. Esta anécdota puede ayudarnos a visualizar el sótano de irracionalidad en el que nos han sepultado  estos señores que nunca han tenido la más mínima idea de cómo administrar un país en un mundo globalizado. Han sido tantos años de mentir tanto, de correr la arruga tan descarada e irresponsablemente, de negarse a reconocer las más evidentes realidades económicas, de despreciar los más elementales criterios técnicos, que ahora nos encontramos sumergidos todos en un pozo de irrealidad tal, que montarnos en el ascensor que nos devuelva a la realidad del mundo actual  se aprecia como una tarea titánica con un explosivo costo social para todos. La misma curva exponencial de incremento del precio del dólar innombrable, nos va dando indicio de la velocidad a la que hemos ido descendiendo hacia un sótano de profundidades cada vez más insondables –supongo que ya no habrá duda que vamos descendiendo a una velocidad que aumenta en proporción al descenso que hemos registrado hasta ese momento (ley exponencial)-.

¿Cómo detenemos este sinsentido? Mientras más descendamos, las dificultades para montarnos en el ascensor serán mucho más complejas. La anécdota de la gasolina la podemos trasladar a otros planos de nuestra realidad social y económica. Podríamos trasladarla al análisis de propuestas como la dolarización que muchos asoman, que a mí en lo personal me atrae porque la percibo como un ascensor hacia la realidad, pero que, en paralelo a ella,  es menester entrarle al complejísimo tema de cómo ir moderando el impacto social, en sus múltiples e insospechadas ramificaciones. Esto es válido para cualquier otra estrategia alternativa que pretenda sacarnos de esta ficción loca que hemos vivido para retrotraernos de nuevo a la realidad. Tal parece que a este Régimen lo que le va, finalmente, a inferir la estocada final es el dólar: ¿Y entonces qué?

El Gobierno No Quiere Paz

Llevo varios días devanándome los sesos, tratando de visualizar salidas a LA SALIDA. El no ocurrírseme nada se había convertido en un disuasivo para sentarme a escribir. Los últimos acontecimientos, sin embargo, me motivan a hacerlo. Desde el lunes (17/3) se comenzó a percibir la posibilidad de una recuperación progresiva de la normalidad en el país. La mayoría de las guarimbas habían detenido su acción. Incluso alguien, sin mucha experiencia política, llegó a decirme: al parecer los “políticos” se han puesto de acuerdo por arriba. En las zonas más afectadas, los niños habían recomenzado su actividad escolar. El día miércoles en la noche, el mismo gobierno se encarga de dinamitar esa especie de tregua,  al ordenar al Tribunal Supremo de Justicia se dictara sentencia que llevaba a prisión al Alcalde de San Diego Enzo Scarano. Ya en la tarde habían detenido al Alcalde de San Cristobal y no puedo dejar de mencionar: la brutal y cruenta arremetida de la GN contra ciento cincuenta manifestantes en el pueblo de Rubio, estado Táchira, dejando como saldo varios heridos de bala. ¿Cuál es la lectura que podemos hacer sobre esta arremetida del Gobierno?

La respuesta es clara y evidente: Al Gobierno no le interesa la Paz. Por alguna razón (o razones) que analizaremos a posteriori, el Gobierno parece estar convencido que su mejor opción es no dejar perder el momentum que trae y continuar hasta descabezar las fuerzas opositoras y lograr una rendición incondicional. Sigue a la perfección el guion cubano mientras hace aspavientos de un llamado a diálogo que nadie se lo cree. En todo caso: ¿Diálogo para qué? Me permito remitirles a una excelente entrada en el blog de mi estimado amigo, Octavio Acosta Martínez (http://labragaazul.blogpost.com). Por supuesto que el reconocimiento de la absoluta falta de interés de parte del Régimen en restablecer la paz como una premisa básica, obliga a un rediseño integral de toda la estrategia opositora.

En cuanto a las razones que pudieran tener para proseguir incitando a la violencia, una estrategia que algunos han calificado de suicida pero ya no estoy tan convencido de ello, la primera que señalaré está relacionada con la convicción que pudiera existir en el Alto Gobierno sobre la fortaleza de su apoyo internacional. Tienen conque sustentarla: han venido obteniendo resonantes éxitos en las instancias internacionales –incluido el de hoy viernes en la OEA-, en cuanto a detener cualquier iniciativa orientada a intervenir en la situación venezolana de alguna manera, aunque sea en un nivel mínimo  e inoficioso en la práctica (la visita de alguna comisión). Lo de resonante puede sonar paradójico, con el hecho real que el principal daño que ha sufrido el Régimen a lo largo de este conflicto es el de haberse mermado, considerablemente, su credibilidad  en el ámbito internacional como gobierno democrático. Los videos e imágenes distribuidos a través de los medios de comunicación y redes sociales han sido devastadores para la imagen del Régimen. Cabe aclarar que ese significativo daño se ha internalizado, fundamentalmente, a nivel de los pobladores de los diversos países más vinculados culturalmente a nuestro país. Una prueba concreta de esto son los diversos pronunciamientos que se han  producido a nivel de los órganos parlamentarios de muchos de esos países, aun cuando los respectivos líderes ejecutivos se hayan resistido a emitir una opinión más proactiva al respecto, como es el doloroso caso de España. Ya es bien sabido que los parlamentos suelen ser más sensibles a las opiniones públicas prevalentes en sus colectivos nacionales, por ello, más proclives a hacerse eco de ellas.  En todo caso, en la misma medida que ha crecido esa imagen del Régimen como una neo dictadura autoritaria  y represora de las libertades democráticas, más tiene que calificar uno de “resonantes” los éxitos de nuestra diplomacia oficialista al lograr mantener a sus aliados incólumes ante el dantesco testimonio gráfico que se ha logrado filtrar comunicacionalmente.

¿Hasta cuándo se mantendrá la solidez del apoyo internacional al Régimen? A juzgar por la votación de hoy en la que se le negara a María Corina Machado ejercer su derecho de palabra en la OEA, la incidencia del Convenio Petrocaribe sigue siendo determinante. Un poco de pequeñas islas, cuyos votos valen igual que el de países como Estados Unidos, Méjico o Chile, le aportan al Régimen un colchón  en el cual sentirse sabroso y sobrado. Con gobiernos como los de Argentina, Bolivia y Nicaragua no hay esperanzas. Brasil es el que debe estarse sintiendo más incómodo con todas las torpezas de Maduro y Cabello: éstas le complican su manejo geopolítico como la otra potencia influyente del continente. Por otra parte, están los dos millardos de dólares de deuda con las constructoras brasileñas, pero aun así: el superávit a su favor de la balanza comercial entre los dos países sigue pesando demasiado. ¡Les compramos de todo! Esto es lo que España no ve. En vez de buscar oportunidades para salir de su crisis en una Hispanoamérica con la cual ha mantenido históricos lazos de influencia, mantiene volcada su mirada hacia una Europa en la que Alemania y Francia llevan el peso de las decisiones estratégicas. España pudiera erigirse en el gran socio comercial que ayudara a un nuevo gobierno democrático en Venezuela navegar hacia el final de nuestra prolongada crisis. Pero, ni pendiente. En definitiva, todo parece indicar que el Régimen seguirá teniendo a su favor la variable internacional. Esto sólo podría cambiar si Estados Unidos se abocara a presionar,  pero Obama no parece ser el tipo de presidente proclive a ello. Lo de hoy en la OEA tiene que haber sido un duro golpe de desánimo para los que queremos un cambio en Venezuela.

Si cambiamos al escenario interno, pudiera haber otra razón por la que no les interese la Paz. No tienen otra alternativa que no sea la de siquitrillar a toda la Oposición, antes de que les termine de estallar la poderosa bomba económica sobre la que están sentados. Y hasta el más ignorante de ellos, a estas alturas, sabe que estamos hablando de unos cuantos megatones por encima de la de Hiroshima. LA SALIDA  ha tenido el negativo efecto de convertirse en manto obnubilador del severo problema económico que afrontamos. Lo seguimos padeciendo, pero el tema político le resta visibilidad. Eso no quiere decir que su nefasta evolución se haya detenido, todo lo contrario; cada día de parálisis profundiza su agravamiento. Ellos saben que les queda muy poco tiempo para que se generalice hacia todos los estratos sociales: el efecto de la masiva devaluación que sigue en imparable proceso evolutivo hacia convertir el supuesto bolívar fuerte en la nada. Hasta ahora el impacto lo habían sufrido más los estratos de mayor ingreso, pero ya no van a poder impedir que se masifique el nefasto virus y no quieren tener a una oposición obteniendo réditos de la situación ni organizando protestas, como tampoco medios que informen verazmente sobre ella. Manejamos información que están comprando comida como nunca, a sopetones, al menos quieren tener ese flanco controlado; pero, obligados por la realidad, tendrán que decretar medidas que desnudarán la crisis ante los ojos de todos los venezolanos. Los cubanos bien que lo saben, por eso han dado la orden: hay que extinguir cualquier foco de resistencia. ¡Ya!

Dos buenas razones. La segunda más determinante que la primera, pero la cruenta exterminación de la resistencia democrática no pudiera darse si no se contara con la solidez del frente internacional. Lamento no tener buenas noticias, pero este es mi análisis. A los dirigentes de la Oposición les digo: no se sigan entregando. María Corina es más útil en el frente internacional que viniéndose a este país para que la pongan presa. El Régimen está decidido a todo  y no parece haber fuerza que lo detenga en su empeño. ¿Le ocurrirá lo mismo que a Rosales? No, un sonoro no, las circunstancias han cambiado drástica y dramáticamente.

¿No se ha derivado de LA SALIDA  alguna consecuencia positiva? Claro que sí, la más importante: ubicarnos en la realidad. Pero eso es materia de otro artículo, porque en este ya estoy excedido.

¿Qué espera Rajoy?

Ya tengo doce días efectivos en Madrid. Con todo el que puedo, hablo sobre lo que está ocurriendo en Venezuela. He encontrado que la gente común está bien informada al respecto. No es para menos: todos los días Venezuela se hace presente en los noticieros televisivos; las páginas internacionales de los principales periódicos españoles siempre incluyen al menos una dedicada en su totalidad a cubrir la situación de nuestro país. Es verdad que lo de Ucrania tiene mayor cobertura, lo cual es comprensible, no sólo por su cercanía con Europa,  sino por el enfrentamiento entre Putin y Occidente que se deriva de ese conflicto. De producirse la invasión rusa a Crimea, la Humanidad podría retroceder a los tiempos de la Guerra Fría y su latente amenaza de devastación total a causa de una guerra nuclear. Así de grave es el asunto ucraniano y, a pesar de ello, Venezuela se mantiene en el foco noticioso como el otro punto del globo terráqueo sobre el cual los medios internacionales mantienen su mirada de alerta.

Pero, más allá del conocimiento que tiene el español de a pie sobre la crisis venezolana, lo importante a resaltar es cómo ha cambiado su valoración con respecto al régimen chavista. De Maduro dicen que es un “impresentable”, un duro calificativo que se utiliza mucho aquí para transmitir la pésima imagen que se tiene de una persona. Lo de los colectivos armados le ha generado un daño irrecuperable a la imagen internacional del gobierno madurista. Ahora bien, ese consenso casi total que se siente de parte de los ciudadanos españoles, con respecto a la adjudicación de responsabilidades sobre la execrable represión con la que se ha respondido a las justas protestas de los venezolanos, no ha servido lo suficiente como para generar una actitud más proactiva del Gobierno Español con relación a nuestra problemática. ¿Qué más tiene que ocurrir en Venezuela para que el gobierno de Rajoy emita un pronunciamiento que esté en correspondencia con lo que sienten los ciudadanos de este país?

No puedo dejar de lado el reconocimiento a varios  integrantes españoles del Parlamento Europeo (Jaime Mayor Oreja del PP; Luis Yañez-Barnuevo García del PSOE; Izaskun Bilbao Barandica del PNV vasco; Ramón Tremosa i Ballcel del CiU catalán y algún otro que se me pudiera escapar. Como se puede apreciar: un grupo bien representativo del amplio espectro político español) que formaron parte del grupo proponente de la contundente resolución que dicho parlamento aprobara el 27 de febrero de 2014  sobre la situación en Venezuela. Les invito a leerla (http://bit.ly/1hJ9ruW), porque sus considerandos reflejan un conocimiento tal sobre nuestra convulsionada realidad, que lo menos que puede uno preguntarse es por qué el gobierno de nuestra madre patria se comporta como el testigo de un inminente asesinato que prefiere desviar su mirada hacia otro lado,  a fin de evadir su responsabilidad ciudadana y evitarse problemas. Y traigo a colación lo de “Madre Patria” para enfatizar, por un lado la relación histórica que une a los dos pueblos y por el otro: la cantidad de descendientes de españoles que viven en nuestro país como consecuencia de esa generosidad que tuvimos para albergar a miles de emigrados de la Guerra Civil. Mi estadía actual en Madrid se debe en alguna forma a esa historia, al ser mis dos hijos varones que viven aquí: nietos de un matrimonio entre un médico madrileño, que había participado en la guerra del lado republicano, y su esposa asturiana. Ambos llegaron a Venezuela en condición de desamparo total y a él le fue asignada la medicatura rural de Betijoque dentro de un plan de ayuda gestionado en niveles altos del gobierno. Mucha agua ha transitado por debajo de los puentes, habría que ver si queda aunque sea pizca de aquella generosidad, pero considerando esa conducta de desentendimiento que protagoniza el gobierno que preside Rajoy me luce que no.

Cuando he hablado con miembros de la comunidad de venezolanos residentes en Madrid, muchos de los cuales poseen la doble nacionalidad como consecuencia de esa  histórica vinculación, he  podido percibir un sentimiento de queja y decepción con relación a la actitud del gobierno español. Sin embargo, esto no se refleja en las jornadas de protesta que se organizan acá. He asistido a dos, con entusiasta participación y realmente muy emotivas, pero carentes de contenido político. ¿Para qué nos reunimos en una plaza? ¿Para simplemente manifestar un apoyo a nuestros compatriotas que tan mal lo están pasando? ¿O para pedir, respaldados en esa historia común que nos cobija, un apoyo efectivo a nuestra lucha? Debemos expresar un relato político que exalte la relación histórica entre los dos pueblos: mientras un madrileño pasea plácidamente por El Retiro, es posible que un pariente suyo esté siendo masacrado en Venezuela-de hecho: ya hay víctimas de origen español-.  Debemos convertir esa muy favorable opinión ciudadana en presión para que el gobierno de Rajoy asuma una responsabilidad que le corresponde por historia.

¿Es LA SALIDA una reiteración del 2002?

¿Tiene fuerza LA SALIDA?

Asdrúbal Romero Mujica (@asdromero)



Partiendo del deseo de comentar brevemente el muy interesante artículo del politólogo Yvan Serra (“EL PUNTO MEDIO” en su blog http://periscopio2.wordpress.com/2014/02/14/el-punto-medio/), terminé escribiendo estas reflexiones para cuya comprensión no es, estrictamente, necesaria la lectura de la referencia, aunque desde luego les recomiendo que lo hagan. El planteamiento central es si la acometida estratégica LA SALIDA impulsada por Leopoldo López, la diputada Maria Corina Machado y otras personalidades de la Oposición, tiene la fuerza suficiente como para lograr el objetivo tácitamente definido en su denominación, es decir: la salida de este gobierno mediante algún mecanismo previsto constitucionalmente, por ejemplo: la RENUNCIA, que es la opción de mi preferencia. 

En opinión de Serra: no la tiene. Para el momento en el cual escribo estas líneas, puedo coincidir con su opinión si ella está referida a un lapso de tiempo breve como el que muchos habitantes de este país quisiéramos. Refiriéndose el precitado autor específicamente a Valencia: mientras en el norte –zona donde habita la clase media- se respiraba el 12F un ambiente de alta conmoción política, en el sur o en el municipio Los Guayos –zonas donde se ubican mayormente barriadas populares- se respiraba un ambiente de total normalidad. Más allá de esta observación puntual, Serra refuerza su tesis con un interesante gráfico en el cual se muestra el perseverante déficit de votos opositores en los municipios con menores ingresos per capita. “Mientras esta realidad no cambie será difícil salir del Régimen por la vía electoral o por otra vía” y acciones como LA SALIDA, a la cual Serra le endilga un reducido criterio estratégico, poco contribuyen en este sentido. Si esto fuese un debate, tendría que sentirme severamente limitado por la fortaleza argumental de mi adversario. 

Pero no voy a rebatir la validez de ese argumento, yo lo que simplemente creo es que ante la pasividad de la MUD, más temprano que tarde actores políticos de la Oposición iban a emerger con una posición más protestaria y acorde con lo que viene demandando la gravísima situación del país. Es decir: ya hay señales evidentes que a la pobre Venezuela nos la están zumbando por un despeñadero y lo contrario: que no existiera algún sector de la oposición que se envistiese de ese sentir que los venezolanos no tenemos horchata circulando por nuestras venas, es lo que habría lucido incomprensible y antinatural ante los ojos de todo el mundo.

A los fines de desarrollar mi tesis, me voy a permitir previamente dos breves incisos. En primer lugar: no incluyo a Capriles en el señalamiento de la pasividad porque él ya tomó, en su momento, una decisión que respeté aunque no compartí y, como consecuencia de ella, tiene el nada fácil desafío de ejercer la Gobernación de Mirada en las actuales circunstancias. Tal como previmos, no está en capacidad de ejercer, simultáneamente, una activa y efectiva coordinación de la política opositora como la que se requiere ante un régimen como el que confrontamos. En segundo lugar: habida cuenta que en los espacios de opinión, muchos le asignan a LA SALIDA el carácter de ser una acción política típica de clase media y muy similar a la del 2002, voy a permitirme una licencia para redefinir esa clase media incluyendo a todas las familias que dependan, económicamente, de personas adscritas a un ente público o privado mediante una relación de trabajo formal, con prescindencia de que su nivel de ingresos sea inferior a lo que los estándares tradicionales definen como clase media. 

Son, precisamente, los miembros de esa clase media los que tienen mayor conciencia del nivel de destrucción que este régimen le ha perpetrado al país. Saben lo que está pasando con los medios de comunicación: ven y padecen cómo el Régimen ha condenado a muerte a la prensa escrita; mientras tienen que acceder por las redes sociales al video de los Tupamaros en Mérida atemorizando, impunemente, a la población civil, porque si buscan enterarse a través de cualquier canal televisivo se encontrarán con recetas de cómo hacer patacones a la maracucha o huevo frito (me permito un plagio de mi admirado, ahora más, Chataing). Esa clase media es la que sabe que las ensambladoras se van y que mejor cuida a su carrito porque quizás sea ese el último que tenga por muchos años. Es la que teme que algún miembro de la familia caiga en una enfermedad grave porque no sabe si conseguirá los fármacos adecuados o, simplemente, la clínica privada que presta mejor servicio a su seguro de hospitalización ya habrá quebrado. Es la que siente una profunda tristeza, acompañada contradictoriamente de alegre resignación, al ver que sus jóvenes hijos quieren abandonar el país porque éste ya no les ofrece ningún futuro. Esa clase media sabe, perfectamente, que la escasez se va a agudizar y, lo que más le preocupa, tiene conciencia que su velocidad de empobrecimiento es cada vez más acelerada. Lo que posiblemente no sepa es que ha comenzado a transitar por un período de empobrecimiento exponencial (la velocidad de empobrecimiento es proporcional a la magnitud del mismo) porque esta precisión entra en el reino de lo técnico, pero lo intuye cuando monitorea, día a día, el valor del dólar paralelo y ve con él volar sus esperanzas por una calidad de vida como la que tenía antes. Esa clase media está arrecha, sin eufemismos, como lo expresa Serra en su excelente análisis preliminar del problema, y ha esperado, con vehemencia, a que la Oposición haga algo. La inexistencia de una iniciativa que diera respuesta a esa esperanza, sería un peligroso vacío que, como bien lo señala Axel Capriles en otro excelente artículo “La Locura Colectiva” al cual pueden acceder en: http://elrepublicanoliberal.blogspot.com/2014/02/axel-capriles-m-la-locura-colectiva.html-, nos empaquetaría a todos en ese proceso en línea de la guerra psicológica que nos vienen aplicando: CONFUSIÓN- DECEPCIÓN- FRUSTRACIÓN-ADAPTACIÓN. Eso es lo que quiere este régimen comunista: que terminemos cansándonos porque ya no hay nada que hacer y adaptándonos a lo inaceptable.

Es en este escenario que Leopoldo y compañía insurgen y asumen el reto. En mi opinión, han hecho lo acertado. ¿O es que acaso decenas de analistas del tema político en este país –incluido- no veníamos hablando, desde hace meses, de la necesidad de superar ese divorcio entre MUD y sociedad mediante la articulación de sus demandas sociales con la plataforma de acción política? ¡Es lo que han hecho! Además, mediante una propuesta pacífica, porque salir a la calle a protestar contra las pésimas ejecutorias de este régimen es un derecho que tenemos, que no podemos dejarnos quitar y que no tiene por qué implicar violencia. Y este régimen, tan absurdamente pretencioso, tendría que ir aprendiendo a convivir con la protesta social como el precio a pagar por su estruendoso fracaso. Si el régimen prefiere salir con sus colectivos armados a exacerbar la violencia; si dentro de la Oposición hay compatriotas que ya no quieren poner el otro cachete y caen en el juego de la violencia, éstos son problemas que se escapan del control de quienes asumen la protesta como una acción política indispensable en este momento y que, además, es perfectamente normal y aceptable en todo el mundo democrático. Cada cual tendrá que asumir su responsabilidad, pero ello no puede detenernos en nuestro accionar. 

PROTESTAR NO ES UN ATAJO, es un derecho y una necesidad en esta muy delicada etapa que vive el país. Quizás, la denominación utilizada para la arremetida estratégica LA SALIDA sea un tanto agresiva, al insinuar un “VETEYA” que no es posible en el corto plazo que anhela la gran mayoría de la clase media. Tiene Serra toda la razón al señalar el “hashtag” del “Maduro te vas pal c…” como políticamente inmaduro e inconveniente en el contexto de un proceso que será, impredeciblemente, complejo. Pero, por otra parte: ¿Por qué no interpretar “LA SALIDA” como el inicio de un proceso conducente a sentar las bases para que se produzca esa salida en el tiempo que los hechos irán dictaminando? Ya no hay tiempo para sentarse pasivamente a esperar. Todas las tendencias apuntan, incontrovertiblemente, hacia el desastre y ninguna de las acciones anunciadas por este gobierno las revierte, todo lo contrario: las agrava. De hecho, si ellos fueran, en un mínimo grado, responsables renunciarían porque no creo que no estén conscientes que han quebrado al país y lo han conducido hacia un callejón económico sin salida. De esto, también comienza a tener conciencia esa clase media a la que tanta referencia he hecho en este análisis. Si hay otro sector de la sociedad que todavía se siente lo suficientemente cómodo como para no motivarse a protestar, eso no excluye el derecho que tenemos nosotros para hacerlo. Habrá que incluir dentro de LA SALIDA programas dirigidos a hacerle ver a ese otro sector la inminencia de una crisis que también los arrastrará a ellos, como bien lo dice Serra en la parte final de su análisis. Es a la clase media a quien le corresponde asumir el rol como generadora de la opinión impulsora de los cambios que se requieren en el país. Es el rol que suele tener y así se le reconoce en todos los países que funcionan democráticamente en el planeta. Por esta razón es que, en ninguno de estos países, los gobiernos se plantean gobernar a espaldas de la clase media, eso sólo ha sido posible aquí porque contaban con un arsenal de recursos económicos que ya malbarataron.



Los malbarataron y ahora las circunstancias económicas en las que se da este proceso son radicalmente distintas, realidad ésta que no pareciera ser tomada en cuenta por esos analistas políticos que insisten en calificar a “LA SALIDA” como una reiteración de los errores del 2002. Ni la clase media se encuentra en las mismas condiciones de desesperanza y entrampamiento, por lo tanto ya no es la misma del 2002; ni tampoco el país cuenta con los mismos recursos para salir del atolladero. ¡Ni remotamente es el mismo! Cada día que pase, las señales de destrucción de nuestras posibilidades como país serán más devastadoras. Es cuestión de responsabilidad, por nosotros y por nuestras generaciones futuras, activarnos ante este régimen para hacer valer nuestro profundo descontento y propiciar una salida a esta crisis. A este régimen tan pretencioso, le corresponderá entender que tenemos razones valederas para protestar, si no lo hacen peor para ellos. LA SALIDA es la única opción que tenemos, por lo tanto tiene que tener la fuerza que sea requerida o, definitivamente, perderemos al país.

Cuentos del deterioro

Interioridades UC

Asdrúbal Romero Mujica (@asdromero)

1-¿Elecciones UC Ya?

El calor electoral parece acrecentarse aunque, según algunos actores importantes con quienes sostuve recientes entrevistas: las bases profesorales siguen sumidas en su sopor de apatía. No es fácil, en verdad, con toda esa agitación externa que parece aproximarse a un incierto desenlace. La afluencia a una reunión convocada en Prebo estuvo muy por debajo de las expectativas. Se designó una comisión encargada de elaborar una propuesta de nuevo reglamento electoral para ser introducida ante el Consejo Universitario. La presencia en ella del ex vicerrector académico Rolando Smith le imprime a dicha comisión un carácter más pluralista. Pudiera convertirse en el factor bisagra que propicie un auténtico diálogo con las autoridades enconchadas hasta ahora en el NO HAY ELECCIONES. Creo que les conviene sentarse en la mesa redonda.


2- Un “strike” de la Decana(E) de Educación al CU con consecuencias

El 13 de mayo de 2013, la Decana Encargada de Educación lleva en su derecho de palabra, fuera de agenda, una solicitud de reincorporación como personal docente ordinario de una profesora que habiendo ingresado por concurso de oposición en octubre de 2007 a la asignatura Prácticas Profesionales III, renunció a dicho cargo en mayo de 2010 para trasladarse a México. Según la Decana, todo estaba perfectamente en regla y aprobado a nivel de las instancias académicas bajo su tutela. Los consejeros debieron confiar en su palabra porque su solicitud fue aprobada. Resultó que la Cátedra de Pedagogía y Currículo se oponía a dicha reincorporación “paracaidística” por considerar que la profesora no tenía experiencia docente en su área, un argumento académico de mucho peso que fue desdeñado así como así, y además no tenía carga para ella (hago notar que la cátedra originaria de la reincorporada es distinta). La Decana mintió, de allí el “strike”. La Jefe de Cátedra de Pedagogía y Currículo introduce un recurso de reconsideración ante el CU de dicha decisión, el cual le es negado el 4 de noviembre de 2013 apelándose a un tecnicismo legal muy discutible. Habiendo sido yo miembro de la Comisión Delegada que aprobó el primer caso de reincorporación, con el cual las cuatro autoridades de aquella época –período 92/96- sentamos una primera jurisprudencia para el tratamiento de solicitudes de esta naturaleza, fui consultado al respecto. Me pareció todo tan violatorio del “fondo académico” así como de la “forma procedimental”, que, gustosamente, accedí a ser parte del equipo que redactó conjuntamente el recurso de reconsideración que fue denegado. El CU no enmendó su actuación. Bien, semanas después me encuentro con el Vicerrector Académico en una reunión con fines muy distintos, pero no resisto a la tentación de preguntarle si esa reincorporación había sido tramitada a través de su despacho, como correspondía. Me responde negativamente. ¡También había sido “bypaseado”! Pero no era la primera vez y el Vicerrector abunda en una larga narrativa sobre cómo, progresivamente, a su despacho se le han ido recortando sus competencias. Recordé la declaración conjunta de varios ex vicerrectores académicos de la Institución, manifestando su preocupación por el desdibujamiento del carácter de corporación académica que le confiere la Ley (¡y el sentido académico!) a nuestras universidades. Pensé, pero no se lo dije, que el Vicerrector tendría que hacerse respetar. Pensé en la figura de la Comisión Delegada como instrumento para ello (en esta materia, creánme: tengo un “Doctorado de la Vida”). Tampoco le develé mis intricados pensamientos.

3-¿Está paralizado el funcionamiento de la Comisión Delegada?

A raíz de un incidente que no viene al caso comentar, ocurrido en el primer acto público del movimiento “Valencia se respeta”, en una conversación informal a posteriori me entero que la Rectora ha comentado privadamente que tiene un severo problema con el Vicerrector Académico, el cual prácticamente ha abandonado sus funciones, no asiste a las reuniones de la Delegada ni a las del Consejo Universitario, se mantiene en una especie de permiso indefinido a raíz de una misteriosa operación que nadie sabe a ciencia cierta de qué se trata, etc.,etc., no lo ha hecho público porque eso le haría mucho daño a la Institución. Concateno esta información con lo que me había expresado un consejero universitario: en una x sesión el Consejo, en pleno, había tenido que entrar a considerar una agenda de la Comisión Delegada. No hay que ser muy avispado para saber el grado de paralización que esto conlleva a los efectos de los diversos procedimientos atinentes a la vida académica de los “mortales profesores”. Es grave, me digo, muy grave. ¡A este nivel de deterioro se ha llegado! Mi lado malicioso, que lo tengo, me lleva a pensar: quizás el Vice ha comenzado a utilizar el poder que le da el ser miembro de la Delegada (O me respetas o te paralizo a la Universidad, si lo sabré yo con mi doctorado de la vida a cuestas).

4-La APUC debería intervenir

Porque como se cantaba en la mitología griega: los desencuentros entre los dioses del Olimpo, aún los más insignificantes, los pagaban los pobres pendejos que andaban sobre la tierra. La desarticulación sostenida e irreversible al interior de este equipo rectoral le hace un profundo daño a la Institución, aunque no sea público y abierto como en otros tiempos sino en batalla soterrada de rumores tendenciosos. Esto da pie a que serios asuntos que deberían discutirse en el seno de la institucionalidad, se salgan de su cauce para dar paso a la proliferación de “denuncias sin respuesta”. Allí está la denuncia del FRAUDE ACADEMICO en Educación. Lo que señalan públicamente personalidades de esa facultad que, seguro estoy, cuidan en grado sumo su credibilidad realmente espanta por su gravedad. Lo indicado sería abrir inmediatamente una investigación al más alto nivel, pero no, se actúa como si los que denunciasen fuesen unos “loquitos” que ni siquiera merecen que se les preste atención. Por cierto, en un fortuito encuentro en IPAPEDI con una profesora de Educación muy seria y respetada, aunque poco proclive a la denuncia pública, me refrenda total y absolutamente la gravedad del deterioro académico que se está viviendo en su querida facultad. ¿Existirán coordenadas de espacio y tiempo donde estas autoridades se sienten a discutir para buscarle la verdad a este y otros asuntos? Cuando esto no ocurre, la gente le pierde el respeto a la Institucionalidad y todo pasa a ventilarse en la batalla política pública del todos versus todos, mentiras y verdades que todas quedarán sin definición. No es de extrañar que en este ambiente de anomia algunos liderazgos emergentes clamen con vehemencia el desesperado llamado a Elecciones Ya. Coincide que son los mismos líderes que fortalecieron a la APUC en el reciente conflicto profesoral, que ya perciben la ruta electoral como única salida para una recomposición del desarticulado andamiaje institucional. ¿Qué hará la APUC al respecto? Si no hace nada, queda muy mal ante una importante base de apoyo. Además, ya lo dijimos varios ponentes en un foro celebrado en el marco de ese reciente conflicto: la APUC debe rescatar su rol contralor, como el que tuvo en los tiempos de aquel Movimiento de Integridad Universitaria (MIU) batallador liderado por León Uzcategui y Ricardo Maldonado entre otros. Yo, por mi parte, decidí acometer esta publicación con todo el hilo narrativo que me fue conduciendo en el tiempo a tan serias aunque antipáticas reflexiones. Porque lo de la reincorporación paracaidística de la profesora, es una pequeña pero muy concreta muestra del irrespeto que una mayoría de miembros del Consejo Universitario ejerce en contra de los miembros de la comunidad académica por el simple hecho de ser eso: una mayoría que aunque sólida sigue siendo circunstancial y que no puede olvidar que está en ese cuerpo para preservar el cumplimiento de las normas. Cuando se llega al extremo de desconocer impunemente las normas para imponer su “mayoría”: qué les queda a los que recurren ante ellos como máximo organismo de autoridad institucional. ¿Adónde van ahora los pobres profesores de la Cátedra de Pedagogía y Currículo a quienes les violaron la tranquilidad de su espacio académico? ¿Adónde recurre el Dr. Patacón? Criticamos al oficialismo porque nos impone su mayoría, pero adentro hacemos lo mismo.

5-Conversación con el Vicerrector Académico

No quise publicar esta ayuda memoria de la anti academia, sin antes hablar con el Vicerrector Académico. Necesitaba saber si mi interpretación maliciosa tenía cabida. Me ratificó lo de los rumores malsanos, también a sus oídos se los habían hecho llegar. No soy tonto, por nada del mundo paralizaría la Delegada a pesar de mi incómoda situación, así sí es verdad que me destruirían. Todos los lunes, se lo puedes preguntar a mi personal, espero para asistir a la Delegada. Siempre a las diez de la mañana recibimos la misma llamada: SUSPENDIDA LA DELEGADA. Nunca nos reunimos a pesar de los gravísimos problemas que aquejan a la Institución. ¿Dónde estará la verdad? Seguramente en algún punto gris entre los extremos del blanco y el negro. Me inclino a pensar que más cerca de la autoridad minusvaluada que de la autoridad concentradora de todo el poder institucional, aunque luego, insinceramente, critique a este gobierno por hacer exactamente lo mismo. El tema inicial se agotó rápidamente, hablamos más y mucho del carácter corporativo de nuestras instituciones académicas. Estableciendo un símil entre una universidad como las nuestras y una corporación con varios unidades de negocios. Los Vicerrectores son a la Universidad lo que los Vicepresidentes Corporativos son a una corporación. Son estos vicepresidentes los que se ocupan de garantizar que todas las unidades de negocio operen de acuerdo a una uniformidad de políticas, estrategias y normas de la corporación. En nuestras universidades, el Vicerrector Académico es quien se encarga de velar para que los procedimientos académicos que se llevan a cabo en cada una de las facultades se rijan por las normas y políticas universitarias que el Consejo Universitario y las leyes pertinentes han dictaminado. Lo contrario es dejar que cada facultad funcione como una universidad separada, que “los decanos se paguen y se den los vueltos”. Y ya sabemos lo que esto implica, en el tiempo los ha habido muy honestos y académicos, pero también los que conocemos la historia de esta universidad podríamos contar de ovejas severamente descarriadas. A las facultades no se les puede dejar solas y a la deriva. Nunca se han preguntado cómo fue posible que llegáramos a tener una facultad de Derecho, hoy Ciencias Jurídicas y Políticas, como la que tenemos. Por cierto, la Rectora inició su exitosa carrera política siendo firme detractora de ese deterioro en pleno desarrollo que marcaba a su querida facultad. Fue así como se unió al Grupo de la Excelencia donde también yo milité. Por eso me consta de cuánto nos preocupaba y cuántas cuitas compartíamos sobre lo que allí ocurría. Ahora, ahora la verdad: no la entiendo. Varios rectores hemos pasado desde aquella época y ninguno, mea culpa incluida, tuvimos la entereza para ponerle un cascabel a ese gato. Supongo que nos hacíamos los locos porque ya era difícil cambiar esa cultura, pero siempre hubo un rechazo en mayor o menor medida hacia ese engendro de academia incestuosa. En la actualidad: según escucho a un número creciente de profesores de esa facultad, pareciera que Educación se encamina sostenidamente por el mismo rumbo. FACE siempre ha estado en esa lucha entre el ser y no querer ser, pero finalmente parece dibujarse en su evolución un punto de inflexión llamativamente puntual hacia la irreversibilidad. ¿La perdimos también? Cuando en el futuro alguien intente dar una respuesta, de ser ésta afirmativa encontrará que la Historia le habrá endosado a usted, Rectora, tan dolorosa pérdida.

Neuropolítica en el Caso Venezolano


El Cerebro Político

Asdrúbal Romero Mujica (@asdromero)

En esta oportunidad no continuaré hablándoles de realidades numéricas, ni tendencias que concatenadas deberían servir, por sí solas, para visualizar la gigantesca granada económica sobre la que estamos montados. Una interrogante que reiteradamente me plantean lectores de mi blog cuando me los encuentro en distintos eventos sociales o políticos, es la siguiente: ¿Cómo es que, a pesar de la nefasta realidad que ya todo el mundo puede percibir, este gobierno sigue teniendo una base de apoyo tan relativamente alta? Al parecer, todos tenemos algún amigo o pariente cercano que se identifica con el chavismo y no logramos salir de nuestro asombro cuando, al retomar con ellos el tema del país, pensando a priori: ahora sí, seguro que ya habrá abierto los ojos ante esta apabullante caída por el precipicio; ya no me puede endilgar el epíteto de “nube negra” por lo que desdeñaba como oscuros pronósticos; ya dejaron de serlo para concretarse en cruda realidad, ¡pues no! Seguimos topándonos con una obstinada muralla de excusas, justificaciones y señalamiento de otros culpables que les permita evadir el reconocimiento del estruendoso fracaso de este régimen. Esto ocurre, aun cuando esos interlocutores nuestros sean tan víctimas como nosotros de todo el empeoramiento de nuestra calidad de vida. ¿Por qué?
Para intentar dar una explicación, no exhaustiva por supuesto, comenzaré por compartir con ustedes lo que dijo el gran filósofo Francis Bacon, por allá tan lejos como el año 1620. La traducción es mía: “La comprensión humana, una vez que se ha adoptado una opinión, busca con preponderancia los argumentos que la respalden. Y aun cuando existan en mayor número y peso evidencias y argumentos que puedan hallarse en el otro lado, aun así éstos se rechazan o menosprecian, de manera tal que en razón de la perniciosa predeterminación, la autoridad de su primera conclusión pueda permanecer inviolada”. Resulta que el cerebro no es tan racional después de todo, las emociones inciden fundamentalmente en la forma como percibimos realidades, tomamos decisiones y asumimos posiciones, incluyendo las políticas. Buena parte de nuestros procesos de razonamiento son inconscientes y controlados por las emociones, aunque luzca contradictorio el hecho que nos estemos refiriendo a procesos de “razonamiento”.
Hoy por hoy en Venezuela, opositores y oficialistas somos como dos especies viviendo en universos paralelos e incapaces de hablar el mismo lenguaje. Vemos y escuchamos las mismas evidencias y arribamos a conclusiones diametralmente opuestas. La tendencia a ver lo que queremos ver es un subproducto de la evolución de nuestros cerebros desde el surgimiento del hombre. Aceptamos o rechazamos ideas en función de las emociones que ellas invocan al interior de nuestros cerebros, mediante la activación o inhibición de redes asociativas que hemos venido construyendo a partir de las experiencias desde el mismo hecho de nacer (algunas, más elementales o instintivas, las heredamos de nuestros ancestros). Activamos las redes que nos generan emociones placenteras, inhibimos aquellas de las que se podrían derivar emociones que amenacen nuestro bienestar. Y esto ocurre al margen de nuestra conciencia. 
Contrario a lo que presupone el frío modelo racional para la toma de decisiones, en política así como en la vida diaria, dos conjuntos de restricciones compiten por darle forma a nuestros juicios. Las cognitivas, relacionadas con la información que tenemos disponible, y las emocionales, asociadas a los sentimientos que se pueden generar de una u otra conclusión. La mayoría del tiempo, esta batalla por el control de nuestra mente se da en el inconsciente. La mayoría de las veces, las “razones emocionales” tienen un mayor poder predictor de nuestras decisiones. Los seres humanos tenemos la tendencia a evaluar aquellas evidencias que contradicen las creencias a las que estamos apegados, mucho más críticamente que las evidencias que están en sintonía con ellas. 
Dice Drew Westen, en su interesante best seller “The Political Brain” (con un sugerente antetítulo “El rol de las emociones en decidir el destino de una nación”), que en ningún campo se confirma más esto que en el de los asuntos políticos. Dice además, muy importante apuntarlo, que las decisiones políticas motivadas por las emociones no son sólo características de los electores menos sofisticados o menos conocedores de la realidad, sino que en la medida que son políticamente más sofisticados: más capaces son de desarrollar complejas racionalizaciones para desechar la información en la cual ellos no quieren creer. El sentimiento de “Identificación Partidista” (partisanship) es un poderoso predictor de las decisiones de los electores. Pueden conseguir gran cantidad de estudios que confirman esto en el libro de Westen. Pero no tengo que ir tan lejos. En un estudio de opinión realizado en el estado Carabobo a finales del año pasado por mi estimado amigo Yvan Serra, se arriba exactamente a la misma conclusión. Recuerdo que al concluir una presentación privada de los resultados que él le hacía a varios miembros del “Tren”, yo me levanté y dije, coloquialmente: O sea, dime con quien te identificas y te diré cómo evalúas la situación del país. Los culpables de la grave crisis económica: los empresarios, los acaparadores, los bachaqueros, etc. ¿Y las desacertadísimas políticas económicas y la corrupción de este gobierno? ¡Muy bien, gracias!
El tema es bien complejo, como para pretender que se pueda despachar en las constreñidas líneas de un artículo. El hecho que las políticas incidan sobre los electores a través de las emociones que ellas engendran, es la razón por la cual sus valores y creencias puedan prevalecer por encima del interés propio al momento de votar. Pero, una buena noticia al final, esto tiene un límite: en tiempos extraordinarios, como por ejemplo la Gran Depresión en los Estados Unidos -cuando la gente no podía poner un bocado de comida sobre la mesa para sus hijos-, no toma mucho tiempo para que la gente transforme sus golpeados intereses básicos en las emociones que impongan un cambio, drástico de ser necesario.

OTRO POTE DE HUMO

Otro Pote de Humo 

Asdrúbal Romero Mujica (@asdromero)

Las redes sociales han alcanzado una intensa agitación, a raíz de la publicación en Gaceta de las nuevas providencias del CADIVI que no desaparecerá sino que cambiará de cachucha. De todos los tweets que he alcanzado a leer, voy a compartir dos con ustedes por haberme parecido particularmente inteligentes. De Alicia Hernández, a quien no conozco pero me gustaría conocerla, cito textualmente: Al Gobierno no le preocupa tu molestia por el cupo. Al contrario. Hace que no hables de “las otras cosas”. 
Evidente, mi querida Watson –le diría yo si la tuviese cerca. El Gobierno ha tenido éxito en su maniobra distractora.  Todo el mundo anda rechinando los dientes por los benditos cupos y poco se habla de lo “otro”, a menos que sea una víctima del “nuevo esquema de vida” en el que nos vemos inmersos. Por ejemplo: alguien a quien le hayan robado la batería de su automóvil –la “nueva moda”-  y no logre conseguir en el mercado otra para reemplazarla. El Gobierno, no totalmente satisfecho con su éxito, se ufana en publicitar, incluso internacionalmente, que el “nuevo esquema cambiario” le permitirá ahorrar 1576 millones de dólares, cuando este monto representa apenas un 3% de la cuantiosa deuda cuya obligación de pago es inmediata.
Este gobierno es tan opaco en su administración, que se nos hace extremadamente difícil, a quienes queremos hacerle un seguimiento al problema de la escasez de dólares, lograr juntar las cifras que nos permitan armar el rompecabezas. Como lo dice Julio Jiménez Gédler (alias @Juliococo) en otro tweet que no es de los dos que comentaré: “A esta fecha, aún no conocemos cuánto petróleo se produjo, cuanto se vendió y a qué precio, ni cuantos dólares entraron en 2013”. Así es, la opacidad es marca de fábrica de este régimen para poder seguir engañando. Pero, poco a poco, las cifras de la verdad van emergiendo y, por cierto, ellas se van ajustando al oscurísimo escenario que habíamos avizorado. Por ejemplo, en esta semana que transcurrió, la firma Ecoanalítica publicó un informe en el que se detallan las deudas en dólares con el sector privado: ¡51,9 millardos! Aclaremos algo: no se trata de una deuda contraída por el Estado con compromisos de pago a futuro. Ya se sabe que la deuda externa del país es mucho mayor y tampoco se conoce con exactitud a cuánto alcanza ya. La deuda a la que se refiere Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, involucra sólo montos que ya debieron haber sido cancelados al sector privado, por concepto de importaciones autorizadas por CADIVI y no liquidadas, expropiaciones no pagadas, compromisos de pago incumplidos con contratistas internacionales del sector petrolero y empresas mixtas de la Faja del Orinoco, y así podríamos continuar con un prologando etcétera. Este es el monto que tiene de cabeza al Gobierno y del cual no quiere que se hable. Por eso, aparenta haber trabajado intensamente estas primeras semanas de enero para emerger, finalmente, con la “gran solución” que se cranearon: el novedoso “esquema cambiario” que les permitirá ahorrar, ya se los dije, apenas un 3% del faltante de caja que tienen. Porque viene a ser eso, después que se rumbearon los dólares, lo que quieren que pase debajo de la mesa es ese vulgar, aunque gigantesco, faltante de caja; como cualquier cajero que se hubiese ido a la discoteca a rumbearse el 97% de una nómina que debía cancelarse al día siguiente.
Traigo a colación el segundo tweet, éste de Rafael Uzcátegui (alias @fanzinero): “Si a ud lo que más le molesta ahora es la reducción de Cadivi tiene problemas de percepción de la realidad”. Gravísimos, le añado yo. El problema es que en ese monumental faltante de caja están los 463 millones que le adeudan a Empresas Polar, la mayor productora de alimentos procesados en nuestro país que ya advirtió sobre el riesgo de paralización de sus operaciones. En la misma línea, advierte el Presidente de Fedecámaras, Jorge Roig, en El Nacional (24/01): “Empresas se paralizarán por falta de divisas”. Según él, las líneas de crédito internacionales que todavía no se han cerrado para Venezuela, están a punto de serlo. ¿Hacia dónde vamos? Cierre de empresas, desempleo masivo, dantesca escasez e híper inflación. Todo esto se veía venir, pero algunos parecen más preocupados porque ahora sus compras en Amazon les saldrán más caras. ¿Qué será esto? ¿Domesticación?
En ese escandaloso faltante de caja está el papel que le hace falta a los periódicos para poder circular normalmente. Me decía la Lic. Tibisay Romero, con ocasión del acto de “Valencia se respeta” el 23 de enero en la Plaza Sucre: “el problema del papel es mucho más grave de lo que la gente se imagina”. ¿Y el de las líneas aéreas? A todo esto habría que sumarle el problema de las divisas para este año. Ya Ramírez dijo: el sistema cambiario dispondrá de 42 millardos de dólares para todo el año –otra cifra que nos habíamos craneado a pesar de la opacidad gubernamental. No se sabe si a este monto habría que sustraerle lo correspondiente al servicio de la deuda, que algunos estiman hasta en 18 millardos (Econ. Jose Luis Saboin), pero en nuestra cacería de información pronto lo sabremos. Aun no siendo así, el monto es a todas luces insuficiente para atender las necesidades de una economía a la que se le ha mantenido artificiosamente engañada.
El problema más grave para el Gobierno es el faltante de caja. No halla cómo resolver y trata de esconder la implosión de su equivocado modelo, además plagado de corrupción e ineptitud. Se dice por allí que tiene ya varios meses conversando, secretamente, con el FMI para un crédito por 50 millardos ¡Bingo! No me consta que sea verdad, en todo caso: no me imagino a este socialismo del siglo XXI vendiéndole a sus ya alborotadas bases el tipo de ajustes al que obliga el FMI, ¡aunque caraduras serán hasta la sepultura! Tampoco alcanzo a imaginarme al FMI haciéndole ese gran favor político a este gobierno. Aquí lo que nos sale es obligarles a que renuncien. Con este régimen, ya va resultando harto evidente que no hay salida. ¡O salen ellos o implosionaremos todos!

Sobre la elección de autoridades en la UC.


¿Habrá elecciones en la UC este año?

Asdrúbal Romero Mujica (@asdromero)

En estos primeros días del 2014, adondequiera que vaya y me encuentre con gente de la UC me hacen la misma pregunta. Dependiendo del tiempo de que disponga,   a veces me extiendo en una larga explicación –como me ocurrió en una de esas colas bancarias interminables y tan habituales en nuestro país-, en otras me limito a desplegar un gesto de duda. Mis ocasionales interlocutores suelen mostrar sorpresa ante mi respuesta gestual o extendida, por lo que he considerado propicio democratizar mi opinión al respecto.

Con respecto a lo que piensa el Gobierno o mejor, aclaro, lo que se filtró pensaba el Ministro que ya salió (Calzadilla): es casi inexistente la posibilidad de que este año se elabore algún tipo de norma que reglamente con especificidad la novedosa modalidad de estructuración del claustro elector que, muy ambiguamente, se nos ha impuesto por la vía del aparte tercero del Artículo 34 de la Ley Orgánica de Educación (LOE). La razón es política. Con la creación por parte del Estado de nuevas universidades oficiales, el sector incluye ya treinta instituciones -según memoria MPPEU de 2012- de las cuales sólo un reducido grupo tiene tradición de elegir a sus autoridades. ¿Para qué entonces se va alborotar un avispero? La puesta en vigencia de un reglamento electoral nacional significaría, en la práctica, una inminente convocatoria a elecciones incluso en aquellas instituciones donde el Ejecutivo disfruta de la prerrogativa de designar a dedo sus autoridades, además con una frecuencia de cambios que llama poderosamente la atención. Hay quienes dicen que la aprobación de un reglamento de tal naturaleza, no generaría en ese hemisferio del planeta universitario donde prevalecen la sumisión y no disidencia ninguna protesta para que se celebrasen elecciones, pero quién sabe. A juzgar por el reconocimiento tras bastidores de Calzadilla, de su preferencia a tener que cohabitar con el trío de “Cecilia, Jessy y Rita” en un CNU mayoritariamente oficialista, en contraposición con el riesgo de perder el poder mágico de su dedo, reitero mi impresión que el Régimen en muy poco coadyuvará para que se celebren elecciones universitarias. Obviamente, esa preferencia del ex ministro, a quien le sería imputable cualquier interpretación peyorativa de lo colocado entre comillas, debía contar con la complicidad de las más altas instancias del Gobierno, por   lo que no creo que la entrada de un nuevo ministro modifique en algo la conclusión ya enunciada.

Señalado lo anterior, planteo la cuestión: qué factores deben sumarse en el seno de una institución para que, a pesar de la inexistencia de un reglamento nacional, puedan darse sus elecciones. En el caso específico de nuestra UC, la Rectora, mediante declaraciones suministradas a los periódicos locales, ha manifestado que este 2014 será el año de renovación de todas las autoridades vencidas. Sin embargo, su ejecutoria previa con relación a este asunto la tiene entrampada. Designó una comisión rectoral que no ha mostrado avance alguno al respecto y la percepción que se tiene, a nivel de diversos sectores de opinión de la comunidad universitaria, es que en el diseño de su integración prevaleció un propósito gatopardiano. En lo que a mí respecta, tengo el máximo respeto por el criterio jurídico de varios de sus miembros. Mi punto es, sin embargo,  que el análisis del problema requiere de una perspectiva más amplia que la estrictamente jurídica.

Si lo jurídico fuese el único aspecto a considerar, yo me inclinaría porque la Universidad, en ejercicio pleno de su autonomía, hiciera respetar el marco legal y reglamentario vigente y se procediera a realizar las elecciones con la integración tradicional de claustro universitario. Esto equivaldría a una especie de declaratoria en rebeldía ante los poderes nacionales, habida cuenta que han sido éstos los que, precisamente, han incumplido con su deber de producir la legislación “especial” estipulada en la segunda disposición transitoria de la LOE. Es decir: prevaleciendo el vacío legal no llenado en cuanto a la legislación específica para las instituciones universitarias, éstas deberían proceder de conformidad a la Ley de Universidades vigente. Por otra parte, estoy convencido que en las circunstancias actuales, el asumir este criterio no conduciría al objetivo deseado: el de lograr la elección de las nuevas autoridades. El Régimen, a través de la aprobación de la LOE ha creado expectativas  a los gremios y otros sectores de la comunidad –docentes contratados y egresados- y cualquier pretensión de evadir la satisfacción de tales expectativas generaría una lluvia de demandas interpuestas ante los tribunales con la finalidad de suspender el proceso electoral. No es difícil predecir lo que ocurriría: a nivel de las máximas instancias tribunalicias se dictaminaría en consonancia con el interés del Gobierno.

¿Qué se impone entonces? Trabajar a marcha forzada en la elaboración de un reglamento electoral interno que sea lo más concertado posible, sobre todo con los gremios (ya sabemos que la concertación total y absoluta es imposible en la Universidad). Ya el tiempo para concertar una solución reglamentaria en el ámbito de todas las universidades autónomas pasó. Una verdadera lástima, porque esto le habría aportado  una gran fortaleza al instrumento normativo que se aprobase y habría resultado mucho más difícil para el Gobierno bloquear su aplicación. Esta fue una propuesta que en su momento hicimos. Pero además de la máxima concertación interna factible, al reglamento debe dotársele del mejor blindaje jurídico alcanzable con relación a “la igualdad de condiciones de los derechos políticos de los y las integrantes de la comunidad universitaria”, de conformidad a lo que establece el ya mencionado aparte tercero. Esto es de suma importancia, porque no faltarán los desadaptados que, yendo en contra del más amplio consenso interno que se pueda conformar, recurran a los tribunales a fin de conspirar contra el ejercicio de la democracia universitaria, principio fundamental de nuestra autonomía. En este sentido, me atreví hace ya algunos meses a presentar en dos entregas del artículo “Elecciones Universitarias” –las cuales pueden leer en este blog- una propuesta concreta. Lo hice con la mayor buena fe, buscando romper el celofán a fin de que se iniciara una discusión. Nadie exteriorizó algún comentario en esta universidad autista que tenemos hoy por hoy. Mucho menos: invitarme a un foro o al seno de cualquier comisión ad hoc que se designara para recibir la exposición de mis ideas. Ni siquiera tuve apoyo público de los varios y diversos actores políticos que me incentivaron a que plasmara por escrito una propuesta. Todo esto, a pesar de mi condición de ex rector y de haber manifestado en múltiples ocasiones mi firme disposición a no ser candidato a nada dentro de la UC.

Se comprenderán ahora mis dudas con respecto a la reiterada interrogante que me han hecho en estos inicios de año. Percibo extremado cansancio en los miembros de la comunidad con respecto a esta gestión rectoral, notablemente superior a lo naturalmente comprensible en estos tiempos de crisis y de fin de período rectoral. Por cierto, la última vez que varias personas se me acercaron para interpelarme con la consabida pregunta fue en el velatorio de Gloria Araujo, quien fuera Jefe de Nómina en mi época como Vicerrector Administrativo y Rector. Una gran colaboradora, excelente empleada universitaria y digna representante de esos héroes anónimos que laboran en el Rectorado y dan todo de sí para que la Universidad siga administrativamente funcionando. Estas líneas las he escrito en homenaje a ella, en remembranza de esa universidad que fue y ya no es.

¿Será Caradurismo o Ignorancia?

Caradurismo por la Paz y la Vida

Asdrúbal Romero Mujica (@asdromero)

Lucía muy relajado y lleno de confianza mientras lanzaba. Lo hacía con ventaja con relación al pitcher del equipo contrario: por encima del hombro a pesar que la caimanera era de softball, quizás un mensaje no tan subliminal de que para él, al igual que para su antecesor, las leyes y reglas no se aplican con la misma obligatoriedad de observancia que para el resto de los mortales. Es muy sano, pensé, que un presidente sometido a tantas presiones como las que conlleva su alto cargo, pueda disfrutar de un momento de grato relax; pero yo no podría, en sus circunstancias,  mostrarme ante el país con esa cara de satisfacción propia del que ha cumplido bien con sus deberes. Cada día que transcurre sin que se comiencen a tomar las obligantes decisiones que ameritan la compleja crisis económica que aqueja al país, lo deberíamos valorar como una señal de crasa irresponsabilidad de parte suya.
En verdad, es como si cada día se le aplicase una vuelta de tuerca adicional a una crisis que ya está lo suficientemente complicada como para que se piense, alegremente, que todavía se puede seguir difiriendo su atención sin que de ella se deriven sus implacables efectos. Se han pasado todos estos primeros días de enero discutiendo si disminuyen el cupo para viajeros e incrementan el de internet, como si estos renglones de egresos en dólares para el usufructo de las personas naturales  constituyeran el nudo gordiano del gravísimo problema que representa para el país: la ya crónica escasez de dólares. A juzgar por lo que nos revela Blanca Vera Azaf en “El Nacional” (9/1/2014): las facciones de los “radicales” y los “pragmáticos” en el gabinete económico se caen a dentelladas en la toma de decisiones sobre un asunto que no representa ni siquiera la quinta parte del gasto anual en dólares del país. Luce como si estuviesen evadiendo entrarle al verdadero núcleo del problema o quizás, como me lo sugirió alguien, dejan filtrar esas informaciones  como maniobra distractora para mantener alejada nuestra mirada del verdadero corazón del drama. Mantienen a medio país en vilo, entrando todos los días a sus respectivas paginas bancarias a ver si ya tienen autorizados sus cupos de internautas. Mientras, nadie parece darse cuenta que en el núcleo de la crisis se continúa gestando un temible huracán.
¿Por qué no dicen cómo es que van a resolver lo de la deuda acumulada con el sector industrial que ya alcanza un rimbombante monto de quince mil millones de dólares? Esta deuda se ha generado, porque el BCV no ha tenido la disponibilidad en dólares para honrar el pago de las operaciones crediticias, debidamente autorizadas por CADIVI, para adquisición de las materias primas e insumos importados que requiere el sector industrial para sus operaciones. Los proveedores, muchos de ellos casas matrices de transnacionales que operan en el país, han venido postergando la dura decisión de cerrar sus líneas de crédito pero ya están al borde. ¿Qué va a hacer el Gobierno? ¿Va a dejar en “stand by” esa deuda y a buscarse nuevos proveedores en su sistema centralizado para compras internacionales? Esto implicaría la extinción definitiva del reducido parque industrial que nos queda en pie, con las gravísimas consecuencias de abrupto desempleo y pavorosa escasez, que en el mejor de los casos: sería “transitoria” hasta tanto el Gobierno resolviera el descomunal problema logístico de montar su “Big Mercal”, al cual todos los ciudadanos de este país tendríamos que recurrir para comprar desde un destornillador de estría hasta un automóvil.  ¿Se lo imaginan? ¿De verdad creen que este gobierno tiene la aptitud para resolver tan complejo problema logístico, cuando no ha podido hacerlo ni siquiera con los productos de alimentación más básicos? 
No desestimo la posibilidad de que esta cuerda de aventureros e irresponsables intente tan dantesca solución. Si han dejado que la crisis se incube hasta este punto, corriendo la arruga hasta el borde del precipicio, es porque son capaces de eso y más. Si lo hicieran, querría estar en primera fila para escuchar lo que van a decir los jerarcas de los sindicatos chavistas de las ensambladoras automotrices que, ignorantemente, se han plegado a la estrategia oficialista de destruir su principal fuente de trabajo, no obstante: los sueldazos que devengan –comparados a los de muchos profesionales en nuestro país, sobre todo los del sector educativo-; que vienen laborando en programaciones cada vez más reducidas debido a las continuas paralizaciones de planta y, no suficiente con lo anterior, que ingresan a sus bolsillos, anualmente, centenares de miles de bolívares por la reventa de dos automóviles que les asignan en cumplimiento de la cláusula de los “cupazos” contemplada en su normativa laboral. ¿Cómo se puede entender tanta locura? Mientras tanto, dan risa las tablas de precios para los diferentes automóviles que publicita el Gobierno, cuando todavía no ha decidido si va a pagar parte de la deuda a fin de mantener abiertas las líneas de crédito, ni cuál sería el valor del dólar a los efectos de la adquisición de los kits de montaje importados (CKD) para poder arrancar la producción este 2014, habida cuenta que las plantas ya prácticamente no disponen de este material.  ¿Será qué creen que pueden seguir engañando per secula seculorum?
Quienes ya no parecen creerles más son las líneas aéreas, a quienes les deben tres mil millones de dólares, ¡un monto que es comparable al de las reservas líquidas operativas de las que dispone el BCV! He aquí el quid de la cuestión, ¡el nudo gordiano pues!: sólo en un par de montos de deuda señalados, cuya exigencia de pago era para ayer, ya se supera en seis veces la liquidez del BCV que dirige el pragmático Merentes (NMJ) –y hay más deuda de este tipo: no he incluido en esta sintética reflexión al sector comercial-. ¿Por qué no nos dicen cómo van a resolver tan gigantesco entuerto? Esta es la verdad de un gobierno que ha creído que podría seguir tapando lo nefasto de sus ejecutorias ad infinitum, mediante el teatro de mantener el dólar en un valor extremadamente ficticio. Han estirado tanto la liguita que ella ya no da más, su sección transversal ya entra en el campo de estudio de la nanotecnología. Por eso es que no les queda más remedio que aumentar la gasolina en un salto de garrocha al cual le tienen pavor, pero Maduro no reconoce su necesidad ni su urgencia. No tenemos prisa, dice, mientras insinúa la salvación del Planeta como su auténtica motivación. Por eso, cuando haciendo zapping en mi televisor, me topé con la caimanera “arreglada” por la Paz y la Vida,  me quedé por tres innings viéndola. Me había impresionado tanto ese rostro inicial de Maduro tan rebosante de confianza en sí mismo, que quería saber: si en algún momento se escaparía de ese rostro aunque fuera un minúsculo destello de esa angustia que muchos venezolanos llevamos tiempo cargando entre pecho y espalda. ¡Nada! Cuando me obstiné, iba ganando ocho a cero. A la confianza se le había sumado un casi imperceptible rictus de soberbia. Me entró la duda si no sería un caso de redomada ignorancia y que, como a Chávez, nadie se atrevía a decirle la verdad. ¿O tendría conciencia sobre el polvorín que estaba montado? De ser lo segundo, les digo: yo no tendría vísceras para exhibir tanto caradurismo.

La primera reflexión del 2014

Un largo primero de enero

Asdrúbal Romero Mujica (@asdromero)

Se me ha hecho largo este primero de enero de 2014. Al igual que el día de Navidad, las salas de cine cerraron sus puertas. Leo en sustitución: “Historia Menuda de un País Que Ya No Existe” de una magnífica Mirtha Rivero –también autora de “La Rebelión de los Náufragos”-. No sé si sea cósmica coincidencia, pero sus páginas se alinean en resonancia con esa sensación de un país diferente donde ya no podemos hacer las mismas cosas. Como cinéfilo fraguado al transcurrir de los años, internalizo con tristeza que ya no pueda cumplir con la tradición de ir al cine en estos particulares días. Quizás sea que nos estamos haciendo viejos  y nuestra sensación no sea más que una vana resistencia al imparable tren del progreso, pero, la verdad: no lo siento así. Al parecer: una nueva lógica económica- laboral, leyes que van en una dirección contraria a lo que se requiere en nuestro improductivo país, da pie a que muchos venezolanos como yo nos veamos impedidos de honrar una sencilla tradición.
El país que conocimos se nos desvanece hasta en la posibilidad de concretar las más sencillas realizaciones y no es cuestión de progreso, que es lo preocupante. Ha sido este pensamiento el que me ha impulsado a sentarme a escribir estas líneas. Tenía exactamente veinte días sin hacerlo. Les confieso que en estos últimos días del año que fenecía, sentía una gran resistencia interna a hacerlo. ¿Para qué escribir? –me preguntaba-. Para cualquier articulista que se precie de serlo y yo sigo intentando convertirme en uno, la tradición demanda en estas transiciones de un año al siguiente: la elaboración de un mensaje esperanzador o un concienzudo enunciado de pronósticos. Ninguna de las dos opciones se me iba a dar bien. En éste, mi primer artículo del 2014, me aboco a presentarles las razones por las que lo creía.
Después de haber leído decenas de balances sobre los resultados electorales del 8D y más allá de los cálculos numéricos que cada cual pueda hacer sobre quién ganó o quien perdió dicha contienda, yo no puedo auto engañarme con relación a lo que, muy personalmente, siento sobre tales resultados. Ya no es cuestión del calor del momento ni de la primera impresión –muy negativa, por cierto-, ya han transcurrido suficientes días como para que se haya consolidado un sentimiento más frío y objetivo al respecto. Debo señalar antes, que le había adjudicado al resultado nacional del 8D: el carácter de indicador de cuán consciente podría estar la porción de electores no claramente identificados con el Chavismo sobre el inminente derrumbe económico al que todos estaremos expuestos. Tal consideración la hice, habida cuenta de la evidente concreción, en los meses transcurridos de abril a diciembre, de los pésimos pronósticos que nos habíamos atrevido a enunciar en varios artículos escritos con anterioridad. Los mismos se referían al acelerado empobrecimiento nuestro como pobladores de este país: la súbita escalada del dólar paralelo; su incidencia real en el precio de muchos de los artículos que consumimos; el sostenido y perverso incremento de la escasez en una vasta diversidad de rubros; etc. Debo decir también, aunque suene presuntuoso de mi parte, que tales pronósticos a pesar de lo pesimistas que podrían haber parecido en su momento –quizás hasta aventurados y extremadamente audaces-   fueron absolutamente acertados por cuanto fueron, de hecho, superados por la nefasta realidad que estamos sufriendo.
Expresado lo anterior, no me resta más que decir: el Resultado Nacional 8D me transmitió un mensaje sumamente desalentador sobre la capacidad de reacción que tenemos para no dejarnos llevar por el despeñadero por el cual, precisamente, nos están conduciendo. Este sigue siendo mi sentir. Cuando he intentado hacer ejercicios de introspección para identificar allá dentro qué es lo que lo alimenta (nótese que estoy comunicándome en un plano que excede lo estrictamente racional), creo que el quid  de la cuestión reside en que sigo sin comprender cómo dos millones y medios de electores que votaron por Capriles en abril, no salieron a ratificar en las urnas su sentimiento opositor a este mal gobierno, siendo  el caso que en diciembre disponían de elementos de información más evidentes sobre el grave problema en el que nos han metido (incluyendo el trasfondo de todo lo que inspiró la estrategia del Dakatazo). Y no se trata de que desconozca muchos de los factores que podían desalentar el voto opositor: el agotamiento del modelo MUD, los enredos y conflictos políticos a nivel local (verbigracia: Carabobo). Si alguien ha sido un señalador crítico de estos factores he sido yo. No escribo para caerle bien o mal a uno u otro lado de la ecuación política nacional o regional. De hecho, creo que soy de los que terminan cayéndole mal a los dos lados y no me importa. No me mueven a escribir aspiraciones de poder,  sino mantenerme integramente fiel al principio de honestidad con mis lectores. Puede ser que me equivoque, pero no les voy a mentir por conveniencia. Ahora bien, retornando al tema: mi punto era que todos esos factores desalentadores “podían” pero no “debían” alejar al voto opositor de su compromiso ciudadano, porque, en definitiva, su naturaleza era verdaderamente secundaria frente a los graves problemas que ya habían comenzado a evidenciarse. Al final: no concurrieron a las urnas; arrugaron; me equivoqué; ahora todo será, políticamente, mucho más arduo y difícil.
Ya al final de este largo primero de enero, mientras veo a mi señora madre cabecear frente al canal televisivo en el que irradian las predicciones astrológicas para el 2014  de Alfonso León, tomo consciencia que he escrito un resumen del 2013 de mis “temores confirmados”. ¿Cómo podría haber escrito un mensaje esperanzador? Con relación a los pronósticos, nada de lo que he visto entre el 8D y este primer día del año ha comenzado a revertir tendencias en lo económico, así que los problemas siguen profundizándose y los pronósticos se agravan. Nada de lo que se anuncia detendrá al “innombrable”, pero ya habrá tiempo para hablar de ello. No fui al cine a ver “Papitas, Maní y Tostón”, para lo cual pensaba a invitar a una vieja amiga maracucha y chavista -intentaría hacer las paces-, pero me senté a exorcizar mi desmotivación para escribirles.